La iglesia, el templo, el lugar de oracion, ese recreo que algunos le damos a nuestra alma para contemplar las obras de Dios y volvernos confiados para seguir esta eterna lucha de vivir por una meta, un logro o un objetivo. Todo parte de aqui, desde el corazon de nuestras más profundas creencias religiosas, (ese incomprensible creer sin ver y ver antes de que ocurra), algo que para muchos se resume en dos letras: "FE".

En la iglesia o templo religioso tambien observamos gente extraña, gente que no conocemos pero a quien estrechamos la mano en un saludo de paz u obsequiamos un beso como simbolo de nuestra confianza y buena educacion. Entre lo que observamos, vemos transitar personas que piden limosnas.

Con Fé o sin Fé, muchos nos reunimos a escuchar palabras de aliento, consejos y sermones que poco o nada tienen que ver con lo que interiormente estamos esperando como respuesta a nuestros pesares.

En el horizonte de nuestras miradas estan los santos, los angeles y arcangeles, y la presencia de una virgen (la Madre de Dios) a quien muchas veces nos confiamos en oraciones (si nuestra Fé asi lo permite) cuando sentimos que estamos a punto de desfallecer.

Cuando llegamos al final de la ceremonia que nos reune como hermanos en la esperanza de un mundo nuevo y mejor, salimos confiados a la calle para afrontar la dificil tarea de tratar de explicar a otros todo lo que creimos aprender en mucho menos de una hora de Oracion y arrepentimiento.

En la mayoria de las ocasiones que fijamos la atencion en los horario de misas, solo algunos pocos sentimos esa necesidad de volver y seguir orando.

En la iglesia o templo religioso tambien observamos gente extraña, gente que no conocemos pero a quien estrechamos la mano en un saludo de paz u obsequiamos un beso como simbolo de nuestra confianza y buena educacion. Entre lo que observamos, vemos transitar personas que piden limosnas.
Con Fé o sin Fé, muchos nos reunimos a escuchar palabras de aliento, consejos y sermones que poco o nada tienen que ver con lo que interiormente estamos esperando como respuesta a nuestros pesares.
En el horizonte de nuestras miradas estan los santos, los angeles y arcangeles, y la presencia de una virgen (la Madre de Dios) a quien muchas veces nos confiamos en oraciones (si nuestra Fé asi lo permite) cuando sentimos que estamos a punto de desfallecer.
Cuando llegamos al final de la ceremonia que nos reune como hermanos en la esperanza de un mundo nuevo y mejor, salimos confiados a la calle para afrontar la dificil tarea de tratar de explicar a otros todo lo que creimos aprender en mucho menos de una hora de Oracion y arrepentimiento.
En la mayoria de las ocasiones que fijamos la atencion en los horario de misas, solo algunos pocos sentimos esa necesidad de volver y seguir orando.



