










La vida de el hombre es como la historia de Félix, quien desde niño sintió que había un vacío en su vida. Pensó que debía de jugar y aventurarse, hacer travesuras para llenar esa parte de su corazón; pensando en alta voz exclamó: No lo he logrado aún! Al entrar a la adolescencia, pensó que tener una mujer a su lado era lo que el necesitaba, y se entregó de lleno por llenar su vida con un solo propósito: buscar a esa mujer especial. Pasó de lo emocional a lo carnal, se desbordó en pasiones, se enamoró una y otra vez descubriendo : No lo he logrado aún! Sintió que había dejado pasar años importantes sin formarse, así que su meta fue educarse para poder saciar su sed. Los siguientes años fueron de sacrificio, estudio y mucha entrega, al fin cuando logró sus metas académicas, se percato de que el vacío todavía estaba ahí y pensó: No lo he logrado aún!
Se dijo a sí mismo, me voy a ir por el mundo, recorrer culturas, conocer gente y tradiciones, cosa que hizo, pasaron varios años, conoció gente, aprendió idiomas, convivió con diferentes culturas, sin embargo un día dijo: No lo he logrado aún !
Al seguir sintiendo ese vacío, se convenció de que necesitaba ser parte de algo, y se caso y tuvo hijos, formó una hermosa familia, pero se dio cuenta que la misma inquietud de su niñez seguía con el, y triste musitó: No lo he logrado aún!
Dijo entonces : Debo trabajar duro, mucho, esforzarme por darles un futuro a mi familia, lo que lo llevó a poner en función sus estudios, experiencias y a usar toda la energía posible por crear un capital. Le fue bien, a pesar de que le costó, fue exitoso, el paso de los años le trajo prosperidad material, había sobrepasado sus expectativas. Pero al comparar todo aquello con su inquietud, se desvaneció su emoción y dijo para si: No he lo logrado aún!
Se decidió a no sólo proveer para los suyos, inició una empresa de ayudar al prójimo, investigó, organizó y buscó diferentes formas de ayudar al prójimo, en esto también fue prospero, su corazón se llenó de emoción al ver que muchas vidas eran tocadas por su labor y en su vida se avocó por muchos años a dar y compartir con aquellos que eran parias y necesitados. Al cabo de mucho tiempo, meditando ya como un hombre de la tercera edad, se asustó y gimió: No he lo logrado aún!
Se dijo, es hora de descansar, de pensar en mi, ya estoy viejo, debo tomar la vida con calma, usar de mis últimos años degustando de mis historias, escribir mis aventuras, traspasar mi sabiduría a la nueva generación, y este hombre ya entrado en años, se recluyó en la observación, meditación y tomándolo todo con calma y paciencia buscó influenciar a los jóvenes, en darles consejos, a través de libros que escribió y de charlas y consejería privada.
Llego el día, que sus aptitudes físicas mermaron, su mente también empezó a ceder, y fue llevado a vivir en la casa de uno de sus hijos.
Un día Félix, perdió su cordura, su familia lo mantenía bajo vigilancia, aunque no era agresivo o peligroso, su comportamiento era como el de un niño de tres años. Estaba pues la familia celebrándole su cumpleaños 92, en el patio de la casa, uno de sus nietos jugaba con los espejuelos de su abuelo en el regazo del mismo, y un rayo de luz, por unos segundos, hizo que este anciano le fuese dada cordura, aunque sólo por un instante, para escuchar las palabras de su nuera que obsesionado por el cuadro de su hijo y su suegro juntos jugando exclamo: “Hay que mirarlos! Dos generaciones aparte y los dos son lo mismo: dos simples niños!
En ese momento Félix, mirando al cielo con ojos de victoria, se dio cuenta que lo que andaba buscando siempre había estado con el, pues todo lo que hizo desde el principio fue ser el mismo y que esa sed no era otra cosa que el deseo de manifestarse en este mundo, dejar su huella, única e inimitable! Fue también en ese día, en su cumpleaños, que Félix entregó su espíritu al Creador.
El día de su entierro, en su tumba, una inscripción con un error ortográfico y la descripción de la forma como sus seres queridos lo habían percibido le dieron la despedida triunfal, el epitafio decía:
Aquí yace el cuerpo de Feliz Piedra,
Esposo, padre, amigo, filántropo,
Quien siempre supo quien era y
Quien llenó nuestras vidas con la llenura que había en la suya!



