|
Publicado el 29/05/2009 a la(s) 17:22
Por raulcelsoar
ACTO CULTURAL LITERARIO
en el
Centro Cultural Municipal de Avellaneda
Viernes 29 de mayo; 20.30 hs.
Organiza:
Integrantes del Café Literario: "Juan Carlos Medina"
INVITACION ABIERTA
Distinción al escritor local; Juan C. Gruski
Presentación de libros de los escritores: Gladis López Pianesi
y Háctor R. Brisighetti
Música y canto; Hugo Ermácora y "Los lanceros del sauce"
Lectura de poemas;
Autores integrantes del Café Literario.
Auspicia:
MUNICIPALIDAD DE AVELLANEDA
Los saludo Afectuosamente;
Celso H Agretti
(Integrante del Café literario "Juan Carlos Medina")
Publicado el 28/05/2009 a la(s) 22:11
Por raulcelsoar
Cuando el libro era una amenaza
Mateo Sancho Cardiel (EFE) DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/
Al inventar Gutenberg la imprenta en el siglo XV no pocas voces se alzaron contra los peligros de que un técnico potenciara la democratización del conocimiento, una sospecha que de alguna manera -aunque con sustanciales variaciones- se cierne hoy también sobre la web.
“Jamás se han visto tales desmanes entre los estudiantes y todo ello es debido a los malditos inventos modernos que echan todo a perder (...) sobre todo la imprenta, esa peste llegada de Alemania. Ya no se hacen libros ni manuscritos, la imprenta hunde a la librería. Esto es el fin del mundo”, ponía en boca de uno de sus personajes Víctor Hugo en “Nuestra Señora de París” (1831).
La sensación de amenaza por el cambio no es nueva y los argumentos que se dieron entonces no distan mucho de los que se esgrimen ahora contra el rumbo incierto que las nuevas tecnologías de la información reservan a la industria editorial, a los medios de comunicación y a la industria del entretenimiento.
Hieronimo Squarciafico, en 1477, aseguró que “la abundancia de libros hace menos estudiosos a los hombres”. En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review” un artículo titulado “¡Sobrecarga! La batalla del periodismo por la relevancia en una época de demasiada información” y aseguraba que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
José Manuel Trabado Cabado, desde la Universidad de León, afirma en su estudio “Saturación informativa y los nuevos cronotopos de lectura” que el sistema de hipertextos -los enlaces de la web- “amenaza con no dejarnos regresar nunca, prometiéndonos maravillas aquí y allá y tesoros camuflados en selvas demasiado grandes para los mapas del hombre”.
En esa búsqueda en la llamada “Sociedad del Conocimiento”, muchos usuarios de la web, no obstante, se pierden, se enganchan y acaban siendo considerados “netadictos”. Pero esta gula internauta también tiene su paralelismo.
“La curiosidad de Bencio es insaciable, es orgullo del intelecto, un medio como cualquier de los otros de que dispone un monje para transformar y calmar los deseos de su carne”, escribía Umberto Eco en “El nombre de la Rosa” (1980), novela en la que trazaba una intriga medieval alrededor de la gestión censora del conocimiento por parte de unos monjes italianos.
Y es que el argumento de que el lector -igual que el internauta- puede enfrentarse a infinidad de temas sin un criterio de búsqueda o sin guía moral, también es algo que han compartido la democratización del libro y la extensión de Internet. Sin embargo, hoy nadie sospecha de una inmensa biblioteca y nadie discute el papel cultural fundamental del libro. ¿Sucederá lo mismo en el presumible caso de que la web y los derechos de autor se pongan de acuerdo para poner a disposición del navegante todas las obras editadas?
Desde la perspectiva empresarial, el nuevo invento allá por 1450 también convertía en caduco a todo un oficio, el de los escribas, cuya tarea de veinte años quedaba automatizada por los tipos móviles de Gutenberg. Hoy se ven amenazados también diversas ramas laborales. Los intermediarios, como igualmente refleja “El nombre de la Rosa”, tenían un papel fundamental también en la religión, una de las principales afectadas por el nuevo invento al poner las Sagradas Escrituras al alcance de todo el mundo.
No en vano, la Biblia de 42 líneas de Gutenberg inició “la edad de la imprenta” y en su época, muchos consideraron la novedad como un invento protestante, aunque pronto el Papa de Roma se encargó de utilizarla también como instrumento de difusión católica.
“Antes de la imprenta, la Reforma no hubiera sido más que un cisma, pero la imprenta la convierte en revolución. Suprimid la prensa y la herejía quedará abatida. Fatal o providencial, Gutenberg es el precursor de Lutero”, escribía de nuevo Víctor Hugo también en “Nuestra Señora de París”.
Pero el propio autor de “Los miserables” reflexionaba en el capítulo “Esto matará aquéllo” de la obra protagonizada por el campanero Quasimodo sobre cómo, además del gremio editorial y el religioso, la democratización del libro se llevaba por delante una víctima colateral: la arquitectura.
“Desde la más remota pagoda del Indostán hasta la catedral de Colonia, la arquitectura ha representado la escritura del género humano. Y esto es tan cierto que no sólo cualquier pensamiento religioso sino cualquier pensamiento humano tienen en este inmenso libro su página y su monumento”.
“El pensamiento humano descubre (ahora) un medio de perpetuarse no sólo más duradero y más resistente que la arquitectura, sino también más fácil y más sencillo. La arquitectura queda destronada. A las letras de piedra de Orfeo van a suceder las letras de plomo de Gutenberg”, reflexionaba Hugo.

Muchas voces se alzaron para denunciar el peligro que significaba la democratización de la cultura libresca que sobrevendría con el advenimiento de la imprenta, en el siglo XV.
Publicado el 28/05/2009 a la(s) 22:03
Por raulcelsoar
Al margen de la crónica
Una “estampa rural” con vigencia
DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/
“Se demora la lluvia, que es la varita mágica para el verdor que se va y no vuelve. Y el campo muere calcinado por el sol implacable. Se agosta la semilla, se hace incierto el fruto, se calla el canto y todo duerme con el sobresalto de la angustia. Estamos cansados de luchar contra el tiempo, dicen los colonos. Siempre el viento secador, el que aleja la lluvia. Dan ganas de abandonar, de irse, para no estar en este paisaje de desolación, de miseria, de fracaso”. Este fragmento pertenece a “La postergada lluvia”, uno de los textos del libro “Cielo verde: estampas rurales”, del periodista y escritor Antonio A. Terragni, que fue publicado a mediados de la década del setenta. Pero la cuidadosa descripción que se desprende de su prosa, bien podría ser una postal de actualidad: es que la sequía y sus efectos siguen acosando a parte de los productores de la provincia, sobre todo en el norte, donde desde el año pasado la actividad agropecuaria está en jaque y cada vez con mayores complicaciones.
Y por si eso fuera poco, el largo y desgastante conflicto con el gobierno nacional, tan sólo sirvió para caldear los ánimos y para desalentar aún más al sector. Como si el efecto de las condiciones climáticas no fuera suficiente. A este cuadro se suma la no menos difícil situación de algunas pequeñas poblaciones del norte, donde los problemas para el consumo de agua potable en condiciones son prácticamente crónicos.
Sin embargo, es sabido que históricamente la vocación del hombre de campo es la de encarar los momentos más duros mirando hacia adelante. Y ese sentir ya lo reflejaba el citado escritor hace más de tres décadas: “Ahora mismo puede amarse la esperada tormenta de agua y viento. Agua para la gleba, para la semilla, para el pasto, para los animales, para el prometido fruto, la ansiada cosecha y el viento para el arrullo de las espigas redivivas”.
Publicado el 28/05/2009 a la(s) 22:01
Por raulcelsoar
En Uruguay decretaron duelo nacional. Sus restos serán velados hoy en el Palacio Legislativo de Montevideo
“Por favor, no se olviden de mi bolígrafo”
El poeta uruguayo falleció en la tarde de ayer en Montevideo a los 88 años. Fue uno de los poetas más leídos y cantados en el mundo de habla hispana. Sufrió persecución y exilio por sus convicciones. En Argentina fue amenazado de muerte por la Triple A.
Por Silvina Friera

“Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo.” El poema pertenece a Rincón de haikus, publicado cuando el gran poeta uruguayo promediaba los 80 y la muerte era una sombra cercana con la que empezaba a dialogar para que no lo sorprendiera, para que no lo aplastara con el peso de su evidencia. Mario Benedetti murió ayer a los 88 años en su casa. Será velado hoy a partir de las 9 de la mañana en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo en Montevideo. En Uruguay se ha decretado duelo nacional. No sólo el Río de la Plata se despide con una infinita congoja de este hombre triste y cordial como un legítimo uruguayo, que supo conjurar el dolor de la finitud y escribió que había que vivir como si fuéramos inmortales. En cientos, miles y millones de almas, sin exagerar, garúa finito. Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como Benedetti. Sus poemas de amor fueron copiados “clandestinamente” por miles de jóvenes que se atribuyeron la autoría para sorprender a esas muchachas esquivas o para acortar las distancias e iniciar un romance. No le molestaba saber de estos plagios y menos le importaba que sonara cursi. Al contrario: él mismo contaba anécdotas de parejas que le confesaban que se habían conocido, por ejemplo, gracias a Inventario. Quién no habrá repetido o cantado alguna que otra estrofa de “Te quiero”, “Por qué cantamos”, “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y tantos otros poemas que popularizaron más de cuarenta intérpretes. Su apellido se ha convertido en sinónimo de la poesía hecha canción. La muerte del autor de La tregua se prolongó durante tres años. Comenzó en 2006, cuando murió su mujer Luz, con la que vivió toda la vida. Desde entonces, el impulso vital del autor de más de 80 libros de poemas, novelas, relatos, ensayos y teatro, así como de guiones de cine y crónicas de humor, se fue apagando. La voz del fiel compañero se apagó, finalmente, pero quedan sus poemas de amor y de resistencia.
Sería arriesgado y tal vez apresurado afirmar que su obra será inmortal, pero seguramente muchos de sus poemas ya han adquirido ese estatus porque supo anclar sus versos y textos en los puertos que inquietan a la condición humana: el amor, la muerte, el tiempo, la miseria, la injusticia, la soledad, la esperanza. Sencillamente, fue el cómplice de varias generaciones de lectores y de militantes políticos que, como él, fueron amenazados y tuvieron que escapar, como pudieron, de la muerte. Desde comienzos del 2008 la salud de Benedetti se resintió debido a sus problemas intestinales y a una enfermedad respiratoria crónica de larga evolución. Este año estuvo tres veces internado: en enero, durante casi un mes; luego en marzo, y finalmente en mayo. El ganador de tan preciados premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, nació el 14 de septiembre de 1920 como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó. La costumbre italiana disparatada de adosar tantos nombres –el poeta siempre recordaba que tuvo un tío que tenía los nombres de todos los reyes que reinaban el día en que nació– fue la primera batalla que libró el escritor hasta que logró suprimir los cuatro nombres restantes en todos sus documentos. Después de una quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el colegio Alemán, de donde fue retirado por su padre en 1933.
Tuvo una infancia y adolescencia poco amable y llena de privaciones por los problemas económicos. Vivían en un ranchito con techo de chapas de zinc; su madre tuvo que vender la vajilla, los cubiertos y los regalos del casamiento. A los catorce años Mario empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles en la empresa Will L. Smith. Se ganó la vida de muchas formas –fue vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció– hasta que pudo vivir de la literatura. A los 18, en 1938, se vino a Buenos Aires a ver si podía torcer la mala racha familiar, mientras su vocación literaria se afirmaba durante sus lecturas en un banco de la plaza San Martín. Siempre recordaba que sus dos primeros libros, ediciones que las había pagado Benedetti, no vendieron ni un ejemplar. Su primer módico éxito –módico porque la tirada era muy limitada– fue Poemas de oficina (1956), aunque antes había publicado los poemarios La víspera indeleble (1945) y Sólo mientras tanto (1950) y los relatos de Esta mañana y otros cuentos (1949). Le gustaba definirse como un poeta que además escribía cuentos y novelas. Tenía la mano más habituada al poema, pero los cuentos lo hacían sudar. Montevideanos (1959) le llevó dieciocho años terminarlo. “El cuento no admite fallas, se construye palabra por palabra, cada una tiene que tener su rol, y los finales son muy importantes”, decía el escritor que en 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry.
Hacia fines de los años cuarenta fue miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época, y participó en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos, su primera acción como militante. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, cargo en el cual se mantendría hasta 1971. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente Amplio desde sus orígenes. Ese año publicó Crónica del 71, compuesto de editoriales políticos publicados en el semanario Marcha en su mayoría, un poema inédito y tres discursos pronunciados durante la campaña del Frente Amplio. Después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renunció a su cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Y llegó el exilio; lo arrancaron de cuajo de su ciudad. Primero cruzó el charco y trató de instalarse en Buenos Aires, en 1973. Fue aquí donde inauguró el “llavero de la solidaridad”: cuando las cosas comenzaron a ponerse oscuras acudía a ese manojo que le abría la puerta de las casas de cinco o seis amigos. Pero la Triple A le “concedió” un plazo de 48 horas para que se fuera y se dirigió a Perú. La peste del terrorismo de Estado y las amenazas parecían seguirlo. En Lima fue detenido y deportado. Los brazos de Cuba lo acogieron en 1976, pero finalmente, Benedetti recalaría en Madrid, donde estuvo exiliado hasta 1983. Fueron diez largos años los que vivió alejado de su patria y su esposa, quien tuvo que permanecer en Uruguay cuidando de las madres de ambos. En esa década que lo vio luchar contra el terror de los años ’70, la versión cinematográfica de su novela La tregua, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar en 1974, a la mejor película extranjera (aunque el premio, finalmente, lo obtuvo la película italiana Amarcord).
Benedetti escribía, lo ha dicho, para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. “Las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí”, aclaraba el escritor con los pies en la tierra, pero con la mirada siempre enfocada hacia ese horizonte de utopías que abrazó desde joven. “Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos. Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible.” Regresó a Uruguay, en marzo de 1983, un poco mejor de lo que se había ido, “más ecuánime, más tolerante, menos radical, pero sin perder mis obsesiones”. Fue nombrado miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que sería la continuidad del proyecto de Marcha, interrumpido en 1974. En 1985 Joan Manuel Serrat grabó el disco El Sur también existe sobre poemas de Benedetti, contando con su colaboración personal. Con el “desexilio” llegan los reconocimientos en todo el mundo.
Las líneas no alcanzan para repasar la cantidad de títulos que ha publicado, son más de ochenta en todos los géneros que frecuentó. Se destacan, por mencionar un par, las novelas Gracias por el fuego (1965), La borra del café (1992) y Andamios (1996); los poemarios Inventario uno (1963), Cuando éramos niños (1964), Quemar las naves (1969), Letras de emergencia (1973), Viento del exilio (1981), El amor, las mujeres y la vida (1995), La vida ese paréntesis (1998) y Adioses y bienvenidas (2005) y Testigo de uno mismo (2008); los cuentos de La muerte y otras sorpresas (1968), Con y sin nostalgia (1971), Recuerdos olvidados (1988), Buzón de tiempo (1999) y El porvenir de mi pasado (2003); los ensayos Peripecia y novela (1946), El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974), La realidad y la palabra (1991) y Vivir adrede (2007); y la obra de teatro Pedro y el capitán (1979). En 1999 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; en 2001 recibió el I Premio Iberoamericano José Martí; en 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo; en 2005 obtuvo el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Mario, ese Cupido involuntario que no merece quedar libre de culpa y cargo por la cantidad de parejas que unió, sabía que la vida es un paréntesis entre dos nadas. “Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno. Yo creo en un dios personal, que es la conciencia”, afirmaba el poeta, que trabajaba en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es Biografía para encontrarme. “Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie.” Las lágrimas, esta vez, no tienen tregua posible. Y por favor, pensarán muchos ahora que hay que despedirse del compañero, no se olviden del bolígrafo de Mario.
Publicado el 27/05/2009 a la(s) 22:16
Por raulcelsoar
Municipio de Avellaneda
27/05/2009
Publicado en RegiónNet Diario Digital http://www.regionnet.com.ar/
ADJUDICAN COMPRA DE VEHÍCULO PARA TRASLADO DE PACIENTES
Radio Amanecer - Tras la realización de una licitación pública, el municipio de Avellaneda adjudicó la compra de un vehículo para traslado de pacientes.
Dicha unidad fue adquirida con fondos propios y con recursos provenientes de la Ley de Cheques.
El monto de la inversión alcanza los 157.300 pesos.
Se trata de una unidad furgón 0 km marca Mercedes Benz, modelo Sprinter 3550 VI 313 CDI.
El móvil será destinado al traslado de personas de escasos recursos, que presentan problemas de salud.
|
4 conectados
234502 visitantes
raul : muchas gracias Fabian
fabian : cada vez que puedo entro en la pagina saludos fabian de lucas gonzalez entre rios
fabian : soy de entre rios los felicito por la pagina soy franzot
Peté : esta no es la foto del sicologo pedofiloo
pedro : grasia
LA FELICIDADLa felicidad para algunos es acumular riqueza, obtener un buen empleo, que nuestros deseos se cumplan, ganarnos un nombre y fama. Sin embargo, sólo aquellos que están contentos con su vida y se sienten felices con la felicidad de otros realmente han comprendido en qué consiste la verdadera felicidad.El gozo que uno obtiene de los placeres externos es temporal. Le verdadera felicidad puede disfrutarse por dentro. Cuando nuestros pensamientos son puros, cuando no nos preocupamos por nimiedades, solo entonces, podemos disfrutar de la verdadera felicidad."Feli cidad" es un estado mental. Uno pudiera estar feliz cuando nuestros parientes o amigos alcanzan un buen nombre o fama. Por otro lado, la misma persona pudiera no sentirse feliz cuando alguien más la obtiene.La gente grande es aquella que se siente feliz cuando los demás son felices.Deepthi Ayyappan (2008), IndiaCreo que el autor de la reflexión de hoy da en el blanco cuando plantea, a manera de conclusión, que la gente grande (importante) es aquella que se siente feliz cuando los demás lo son. Hoy, vemos mucho de lo contrario: una búsqueda incesante de la felicidad propia, aún a costa de la infelicidad y tragedia de los que nos rodean. Así vemos como los que tienen abusan de los que no tienen, los que saben de los que no saben, los que tienen contactos importantes de los que no los tienen. Hagamos un alto y decidamos cambiar. Si queremos ser genuinamente felices, necesitamos ayudar a los demás a serlo también.A final de cuentas, Dios no nos creó como islas sino para habitar en familia.Raúl Irigoyen. www.RenuevoDePl enitud.com
M aría Elena Machuca
Nac en agosto de l969 al norte de la provincia de Santa Fe , Avellaneda donde vivo y trabajo.
Los estudios terciarios los realicé en la Escuela de Artes Visuales Juan Mantovani, en la ciudad de Santa Fe.
Desde l993 participo de salones, muestras colectivas e individuales.
S oy parte del Centro de artistas plásticos de Avellaneda, grupo responsable de la difusión de la plástica a nivel local y regional.
En 2002-2003 participé de la clínica de obras Antorchas, artistas de Santa Fe , Entre Ríos en el Rosa Galisteo de Rodríguez.
Com o proyecto personal y familiar nació Barro y Papel espacio-taller donde se trabaja, se realizan muestras, charlas , visitas.
En 2005 Germina Campos Contemporánea me invita a participar de Periférica, 1º Feria y Encuentro de espacio de arte, editoriales y sellos independientes.
|