En la actualidad, más del 90% de las perlas que se encuentran en el comercio son cultivadas por la mano del hombre. Es importante recordar que esto no significa que sean artificiales o imitaciones: son perlas totalmente naturales, pero producidas mediante la intervención humana.
El cultivo de perlas data ya de fechas tan tempranas como el siglo XIII, en China, donde se colocaban objetos minúsculos en el interior de las conchas para que fuesen recubiertos de nácar. Se considera que fue el famoso naturalista sueco Linneo el primero en conseguir cultivar una perla completamente redondeada.
Las técnicas modernas de cultivo surgieron en la segunda década del siglo XX, empleando unas esferas de nácar creadas con torno que proceden de un molusco de agua dulce, que luego son cubiertas con un fragmento epitelial de un molusco perlifero (Pinctata Martensi), para finalmente insertarlas en otro molusco perlífero. La inserción es un trabajo muy preciso, y se considera que las mujeres son más adecuadas que los hombres para este tipo de trabajo; suelen rellenar entre 300 y 1000 moluscos al día.
Los moluscos ya preparados se introducen en jaulas de plástico o cestos de alambre, y se sumergen de 2 a 6 metros de profundidad, colgados de balsas o de cables flotantes sujetos a boyas.




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