PATTAKÍ DEL ÁLAMO Y ORULA
Orula vivía muy orondo de sus grandes poderes como awó; tenía una gran clientela y ganaba mucho owó. Pero un día, estando en la manigua, empezó una tormenta de rayos terribles que no lo dejaban llegar a la casa. Asustado, te prometió a Changó un camero si la aplacaba. Inmediatamente se hizo la claridad y Orula, contento, se fue a la casa; por supuesto, con tanto trabajo se le olvidó la promesa.
Changó, que no perdona a los olvidadizos, esperaba y esperaba, hasta que un buen día decidió darle un escarmiento. Para ello, mandó a sus álamos a que crecieran de tal forma que taparan la entrada del ilé de Orula. Orula comenzó a resentirse pues no venía nadie a consultarse y no ganaba dinero. Quejumbroso se lamentaba, y su apetebbí le recordó la promesa. Enseguida se puso en función de buscar un carnero, lo sacrificó y le pidió disculpas a Changó por ser tan desmemoriado. Los tres se sentaron a la mesa, con ricos manjares; los álamos abrieron sus ramas y dejaron el camino libre. Con esto se aprendió que con Changó no se juega. Iború, Iboya, Ibocheche...










