Oggún, el dueño del hierro, era un montuno irascible y solitario.
Cuando los orishas bajaron a la tierra fue él quien se encargó, con su machete infatigable, de cortar los troncos y las malezas para abrirles paso.
Vivía entonces en casa de sus padres, Obbatalá y Yemmú, y junto a sus hermanos Ochosi y Elegguá.
Oggún estaba enamorado de su madre y varias veces quiso violarla, lo que no consiguió gracias a la vigilancia de Elegguá.
Oggún se las arregló para conseguir su propósito, pero, para su desgracia, Obbatalá lo sorprendió.
Antes de que éste pudiera decir nada, Oggún gritó: "Yo mismo me voy a maldecir. Mientras que el mundo sea mundo lo único que voy a hacer es trabajar noche y dia sin descanso".
Entonces se fue para el monte sin más compañía que sus perros, se escondió de los hombres y ningún orisha que no fuera Ochosi, su hermano el cazador, consiguió verlo.
Trabajaba sin descanso, pero estaba muy amargado.
Además de producir hierros, se dedicó a regar ofoché por todas partes, y el arayé comenzó a dominar el mundo.
Fue entonces cuando Ochún se metió en el monte, lo atrajo con su canto y le hizo probar la miel de la vida. Oggún siguió trabajando, pero perdió la amargura, no volvió a hacer ofoché y el mundo se tranquilizó.










