Refrán: por uno empezó el mundo, si no hay bueno no hay malo.
Patakí: había una vez una persona que era amiga de las discusiones, y se buscaba la enemistad y la antipatía de todos los que lo trataban, pero no era de malos sentimientos.
Esta situación llego a tal extremo que se vio solo y hubo de abandonar el pueblo en el cual vivía.
A la salida del pueblo se tropezó con un comerciante que venía con un perro tirando de su mano.
Al verlo se le acercó y le pregunto cómo andaban las cosas, para lo cual este le respondió –como siempre – para unos bien y para otros mal.
El comerciante al ver que este iba a abandonar el pueblo le aconsejó que se rogara la cabeza, pues era una orden del Rey de ese condado, la cual quien no la cumpliera debería morir.
El hombre, porfiado de hecho, le respondió que el no obedecía ordenes de ese Rey, pues iba a abandonar ese pueblo.
Siguiendo su camino, y a lo largo de unas leguas, los soldados del Rey al verlo y notar que no había cumplido las ordenes del soberano, lo tomaron preso y lo encerraron con los tigres pensando que era un cabecilla del ejercito contrario, donde fue devorado por los mismos.










