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Publicado el 09/11/2008 a la(s) 04:37
Por chacosudamericano

Bosque chaqueño, copla

Nosotros somos del Chaco

Y venimos por algo

Pedimos cuidar el árbol

Especialmente el Quebracho

Qué alegre se ve a los hombres

Destruyendo sus bosques

Es que acaso ellos son saben

Que hay que valorar su existencia

Hoy nosotros les decimos

A la autoridad de este suelo

Que cuide a nuestro bosque

Que Tata Dios nos ha dado

Composición elaborada en el Campamento Trinacional “Mi vida con la Naturaleza del Chaco” en Laguna Capitán, Paraguay, en abril del 200. Autores: Romina Zalazar (15) y Adrián Pérez (19

Publicado el 08/11/2008 a la(s) 04:21
Por chacosudamericano

Decadencia de Machareti -sequía y plagas-

Por los años 1898 a 1905 toda la zona que hoy comprende el Chaco Boliviano sufrió el embate de la naturaleza; en este período la ausencia de lluvias en la época de siembra era desesperante, cuando el buen tiempo lo permitía se sembraba, pero por falta de agua, no daban sus frutos.

El ganado moría de sed y de hambre porque a la falta de agua, se agregaba que los pastizales naturales existentes eran devorados por grandes cantidades de langostas que venían arrasando cultivos y pastos.

Era tan inmensa la cantidad de estos insectos que volaban durante todo el día y en la noche se dedicaban a comer toda la clase de hojas, la gente dedicada a la siembra de maíz, fréjoles y otros productos para su subsistencia, hacían zanjas donde caían parte de los insectos, prendiéndoles fuego en el vano intento de defender sus sementeras.

Esta calamidad, ahondó la situación de los guaraníes y los padres misioneros tuvieron que aceptar la migración de muchas familias que salieron de Machareti hacia la Argentina en busca de sustento, ya que en la Misión se sufría de hambre, miserias y enfermedades”.

Fuente: En tierras Chaqueñas, (transcripción literal)

Autor Elio Montes Sánchez

Publicado el 07/11/2008 a la(s) 04:45
Por chacosudamericano


 Un tipo todo apresurado entra a una
   farmacia para comprar contraceptivos. Por mala
   pata la farmacia estaba llena de viejas, y el
   otro todo desesperado le grita al farmaceutico,
-"Señor, Señor, Vendame un Condon!"
a lo que el farmaceutico le responde,
-"Señor por favor cuide esa lengua."
-"Mucha razon. Deme Dos!!"

Publicado el 07/11/2008 a la(s) 04:41
Por chacosudamericano


En un examen de ciencias...
-Profesor: A ver señorita
  ¨cual es el músculo del cuerpo humano que puede aumentar 10 veces su tamaño desde el estado de reposo?
+Alumna: (despues de pensarselo un buen rato)
   El pene
-Profesor: No, es la retina. Pero felicite a su novio.

Publicado el 07/11/2008 a la(s) 04:18
Por chacosudamericano


EL IRUPÉ

(LEYENDA GUARANÍ)

A orillas del Paraná vivía el cacique Rubichá Tacú (Jefe Algarrobo), que gobernaba una tribu de hombres aguerridos y hermosas mujeres.

Rubichá Tacú tenía una hija, Morotí (Blanca), joven y bella pero orgullosa

y coqueta, novia de Pitá (Rojo), el guerrero más valiente de la tribu.

Morotí y Pitá se querían mucho; pero el genio del mal, envidioso de la felicidad de los jóvenes, inspiró una mala idea a la india.

Un día, al caer la tarde, paseando por la orilla del río con otras doncellas, Morotí vio a Pitá que, en compañía de varios guerreros, se ejercitaba con el arco y las flechas.

Para demostrar a sus amigas cuánto la amaba Pitá y cómo satisfacía todos

sus caprichos, les dijo con orgullo:

— Ahora verán cómo Pitá cumple cualquier deseo mío. ¿Ven este brazalete?

Lo arrojaré al río y mi novio irá a buscarlo.

Una de sus amigas la interrumpió:

— No hagas eso, Morotí. Es muy peligroso y Pitá podría ahogarse.

A lo qué respondió Morotí:

— ¡No seas tonta! Pitá es el mejor nadador y el más valiente de la tribu. ¡Irá a buscar mi brazalete al fondo del río!

Inmediatamente sacó la alhaja de su brazo y, llamando a Pitá, ordenó:

— ¡Pitá! ¡He arrojado mi brazalete al Paraná, y lo quiero! ¡Ve a buscarlo!

Pitá, que quería mucho a su novia y la complacía siempre, se arrojó al agua seguro de volver, satisfaciendo así una vez más a su hermosa Morotí...

Pero sucedió que los que quedaron en la orilla esperando ansiosos la vuelta de Pitá, empezaron a impacientarse, pues éste no volvía...

¿Qué podría haberle sucedido? ¿Habría quedado enredado entre las raíces

de alguna planta? ¿Estaría herido?...

Así pensaban, cuando Morotí, desesperada y llorosa, dijo:

— iYo soy la culpable de lo que sucede! ¡Pitá debía haber salido ya! ¡Algo le ha pasado! ¡Yo no quiero que muera! ¡Que llamen al Adivino de nuestra tribu y diga qué debemos hacer para salvarlo!

Varios guerreros salieron inmediatamente a buscara Pegcoé (Profundo), el Hechicero, y al rato volvieron con él.

Todos hicieron silencio, mientras Pegcoé, mirando las profundas aguas del río, dijo con voz misteriosa:

— ¡Ya lo veo...! ¡Es él..., Pitá! Está con I-Cuñá-Payé (hechicera de las aguas) en su hermoso palacio de oro y piedras preciosas!... ¡La Dueña de las Aguas quiere que se quede, y para ello le ofrece todas sus riquezas...! Pitá parece aceptar... . ¡Y tú, Morotí, por tu orgullo y tu coquetería eres la única culpable de la pérdida de nuestro mejor guerrero!

— ¡No! ¡No! ¡Yo quiero salvarlo! — gritó Morotí, desesperada —. Dime qué debo hacer y te obedeceré ciegamente.

Y habló Pegcoé:

— ¡Tú eres quien puede salvarlo, tú y sólo tú!

— Espero tu mandato. ¡Habla, Pegcoé!

— Debes arrojarte al Paraná y traerlo tú misma a la superficie. ¡Tú debes arrancarlo del poder de la Dueña de las Aguas!

— ¡Te obedezco, Pegcoé, y me arrojo al río! ¡Yo volveré con Pitá! ¡Mi amor vale más que todas las riquezas de I-Cuñá-Payé!

Diciendo así, se arrojó a las aguas, que se abrieron para dejar pasar a la coqueta y orgullosa joven que, arrepentida, iba a salvar a su novio del poder

de la Hechicera de las Aguas.

Toda la noche debieron esperar el regreso de los jóvenes. Se encendieron fuegos y se danzó a su alrededor para invocar a Tupá (Dios) y ahuyentar los malos espíritus.

Los ancianos hacían conjuros vencedores del mal. Los guerreros y las doncellas bailaban danzas sagradas...

Ya amanecía cuando fue nuevamente consultado el Hechicero, que seguía

mirando las aguas, y Pegcoé dijo:

—¡Ya se han encontrado! ¡Morotí ha salvado a Pitá! ¡Ya vuelven abrazados

a la superficie! ¡Ya vuelven!

En ese mismo instante, atónitos y maravillados, vieron aparecer en la superficie

del agua una hermosa flor de pétalos rojos y blancos. ¡Eran Morotí y Pitá que, así transformados, ofrecían al mundo su belleza y su perfume como símbolos de amor y arrepentimiento!

REFERENCIAS SOBRE EL IRUPÉ

El irupé es una planta acuática maravillosa. No hay en el mundo otra tan magnífica ni de más raras cualidades.

Es originaria de América del Sur, existiendo únicamente en los ríos más importantes.

Crece en las aguas de nuestro Paraná, pero sólo en su parte norte, porque allí encuentra

el clima cálido que necesita para vivir.

Los indios guaraníes la llamaron «irupé» (plato sobre el agua) porque sus hojas circulares,

que presentan un pequeño reborde vertical, se asemejan a grandes fuentes o bandejas.

Estas hojas tienen gruesas nervaduras huecas, que las hacen flotar en el agua, ofreciendo

tal resistencia, que aves como las garzas pueden posarse sobre ellas.

Las flores del irupé son hermosísimas. Están formadas por muchos pétalos brillantes, de color blanco nacarado en su parte exterior, y rosado en la interior; este color se hace más vivo, hasta llegar a rojo en los pétalos del centro de la flor.

Las preciosas flores del irupé, sólo lucen su hermosura a la luz del día, exhalando al mismo tiempo su aroma delicioso y suave.

A la hora del crepúsculo pliegan sus pétalos y lentamente desaparecen bajo el agua, como si quisieran reposar durante la noche. Al despuntar el alba, surgen nuevamente

perfumadas y bellas.

El fruto del irupé, del tamaño de un coco, está recubierto de semillas negras como granitos de pimienta. Estas semillas, según se asegura, ofrecen cierto alimento; por eso la planta ha recibido también el nombre de «maíz del agua».

«Victoria Regia» la llaman muchos, y bien podríamos nosotros proclamarla «Reina de nuestras plantas», ya que la Naturaleza la hizo generosa cual ninguna, para que nos ofreciera el esplendor de su belleza, la bondad de su fruto y el delicado aroma que sus pétalos esparcen sobre las ondas de nuestro hermoso Paraná.

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