Anterior Crear su blog Siguiente Señalar un abuso Puntuar :  
Tráfico
1 conectado
8765 visitantes
Mi bloc personal.
Bloc personal vacío.
Mis blogs favoritos
Ningún blog favorito registrado.
Mis enlaces
Ningún enlace
Publicado el 07/11/2008 a la(s) 04:15
Por chacosudamericano

CUENTA UN ANCIANO NIVACLÉ

Quiero contar cómo era la vida de nuestros abuelos cuando vivían todavía en sus pueblos antiguos.

Éstos son los nombres de los pueblos que habitaban: Lha’vôtjayechat,

Mits’alhalhich, Cuvôyu Lhavnus, Aishivoni, Côpiyô’ Yishi’; éstos son los campos arenosos que estaban detrás de Mariscal Estigarribia, cuando no había todavía

los blancos; solamente los nivaclé andaban por sus pueblos.

Había un jefe anciano que se llamaba Shupôi; él hablaba siempre a su gente al clarear

el día y también por la tarde. Hablaba a su gente animándolos a que buscaran comida para sus hijos. Y así se animaron a salir en busca de comida para sus hijos; así salieron entre muchos en busca de miel: de la yana, del rubito, y la miel de la abeja negra; la miel era el alimento de sus hijos. Cuando estaban de vuelta todos, todos los que traían miel, entonces sus esposas recibían sus recipientes para repartir la miel entre todos.

Nuestros abuelos compartían entre todos lo que tenían; reinaba mucha confianza entre ellos. Al amanecer, el jefe anciano hablaba a su gente: “Ya está el día encima, hijos míos; es tiempo para buscar carne y tomar el caldo; juntos podemos tomar caldo.”

Cuando el sol estaba por aparecer, salían juntos en busca de carne; tenían flechas con punta de cuchilla para cazar los animales mayores que encontraban, y así lo hacían los nivaclé como hacían sus esposas: se repartían la carne del animal, la salaban

con el salitre del suelo al cocinarla; así salaban la carne, pues no conocían la sal; ahora sí que la usan. Tampoco tenían rifles; éstos no los conocían en ese tiempo.

Cuando llegaba el tiempo esperado del algarrobo, los nivaclé estaban felices; en esta temporada había algarrobo, yi’shina (algarrobito), mistol y molle; toditos los frutales del monte tenían sus frutas, y éstas eran el alimento de los nivaclé. Era la temporada feliz cuando veían que tenían todas sus frutas; tenían comida en abundancia.

También estaban con frutas la sachasandía y el poroto del monte. Y entonces

hacían depósitos para conservar las vainas del algarrobo; pero para conservar la harina de esas frutas ahuecaban el samu’u; en el hueco del samu’u guardaban las harinas de algarrobo; hacían de la harina también una pasta remojada y compactada en bolas duras. Así mismo almacenaban las frutas del poroto del monte y la sachasandía.

Eran las reservas que guardaban para la época del invierno.

Cuando llegaba el tiempo del invierno, buscaban ranas y anguilas; éstos eran también alimentos que los nivaclé comían en invierno. En esa época del invierno también tenían frutas varias que comían; aunque no eran ricas: tenían frutas la doca pequeña y la doca grande y la variedad ôquina, bulbos de dos clases de caraguatá; todas esas frutas les servían de alimento.

Cuando llegaba la época de la primavera, entonces los nivaclé ya comenzaban a pensar en sus siembras; limpiaban el lugar donde querían sembrar. Nuestros abuelos

usaban para este trabajo la pala que llamaban jooc, porque estaba hecha de palosanto.

Con esta pala limpiaban el lugar donde querían sembrar. Cuando terminaba el invierno, rozaban el espacio que iban a sembrar; en esto trabajaban hasta llegar la primavera. Los nivaclé sufrían mucho en la limpieza de sus chacras, pues era la época del hambre crudo, cuando les tocaba limpiar las chacras. Vestían un pedazo de tela como chiripá que ataban por la cintura.

Cuando comenzaban a florecer estas plantitas de flor rosada y las frutas de las

cactáceas; estas flores y frutas las mezclaban para comer y las condimentaban con tierra salada, y con esto calmaban el hambre que les mordía las tripas.

Cuando veían que salía la flor de la planta del zapallo, se alejaban de las frutas del zapallo hasta que crecieran grandes, igual que el anco y el maíz. Mientras tanto, las mujeres buscaban varias frutas cactáceas. No querían cocinar las frutas de su chacra antes de que se terminaran las frutas cactáceas. Entonces recién observaban sus siembras, a ver si ya se podía comer.

Al amanecer ya, un anciano invitaba a los demás que vinieran para comer juntos los zapallos, y quedaban muy felices, porque había comida. Los varones se ponían aparte para compartir su comida y también las mujeres se ponían aparte para compartir

su comida.

Nuestros antiguos abuelos iban así: no había pantalones, ni camisas, ni todas esas cosas que usan los jóvenes hoy.

Y cuando llegaba la época del algarrobo, los nivaclé ya tenían su cosecha. Entonces

venían nivaclé de otros pueblos. Mucha gente solía reunirse. Se encontraban así con los parientes y amigos que vivían lejos. y entonces se ponían de acuerdo para hacer un baile tradicional. Si había una chica que tenía recién su menstruación, se le organizaba la fiesta de la iniciación.

Se hacían los bailes como es la costumbre antigua; el que organizaba la fiesta tocaba todo el día su bombo hasta la tarde. Después de un breve descanso, el que tocaba el “bombo alto” ya entraba para bailar, y bailaban muchos. Pero alrededor de las diez de la noche iban a descansar. Tempranito al amanecer, el dueño del bombo ya tocaba otra vez.

Otros hacían juegos de fuerza; otros jugaban a la pelotita hecha de madera; otros jugaban el juego de tsucôc, y otros, jóvenes contra chicos, jugaban el c’asenjate. Cuando terminaba la fiesta y el bombo cesaba, se dispersaban los antiguos nivaclé.

Llegó luego el tiempo de la guerra entre paraguayos y bolivianos. Opinan que era por el año 1920. Llegaron los bolivianos para pelear. Pero había un anciano que recordaba bien el tiempo de la guerra; su hijo transmite este relato; es Cornelio Inaa Fleitas.

Así comenzó la guerra en la cual los paraguayos pelearon con los bolivianos. Durante la guerra, los nivaclé se dispersaron. No salían afuera los nivaclé; escuchaban

por el ruido de los fusiles dónde pasaba la lucha, y se cuidaban de pasar cerca. Llevaban a sus esposas lejos del lugar de los combates en lugares seguros. Había muchísimos fusiles, y hubo también tanques de guerra.

Hubo mucho ruido de los fusiles y los tanques de guerra, y tenían mucho miedo los nivaclé y las mujeres también. Entonces ocurrió que se encontraron unos bolivianos

con un grupo de nivaclé; a los varones los mataron, pero a sus esposas, las llevaron los bolivianos. Eran dos las mujeres que llevaron; a sus esposos y sus hijos los exterminaron.

Pero aquellas dos mujeres que habían secuestrado quedaron cuatro noches con los que les llevaban. Entonces se pusieron de acuerdo y decidieron escaparse. Entonces,

por medianoche se fueron. Quién sabe, cuántos días fueron buscando a su gente. Pero los nivaclé ya tenían su cosecha, y esas mujeres anduvieron mucho tiempo buscando a su gente sin encontrarlos.

Ellas sufrían un hambre tremendo. Encontraron unos tatú bolitas; largo tiempo observaron los tatú bolitas y entonces agarraron un palito para destripar los tatú bolitas; superando el asco, comieron la carne cruda, pues estaban muriendo de

hambre.

Había un nivaclé que salió en busca de miel y se fue directamente donde estaban aquellas mujeres. Ellas se asustaron otra vez y gritaron de miedo: “¡Ahí viene un blanco!”

El les habló y gritó: “¡No! ¡Soy yo!” Ellas andaban completamente desnudas. Se pusieron muy contentas que se encontraban otra vez con su gente.

Entonces iban terminando los combates. Habrá sido en verano hacia el fin de la época del algarrobo cuando hubo la lucha, y entonces venía llegando un grupo de paraguayos. Ellos les pedían sandías. Tenían mucho miedo a los nivaclé cuando se encontraron con ellos. Eran 4 los que venían.

Ellos tiraron sus rifles al suelo, porque veían que los nivaclé les tenían miedo. Y dicen que dijo el jefe anciano: “¡Miren, hijos! Voy a acercarme a los samto.” Y se fue al encuentro de ellos y señaló con el dedo las sandías; luego señaló con el dedo la boca de uno de ellos, y luego le dio una sandía. Y los samto comían las sandías con mucho apetito.

Desde entonces, los nivaclé tenían rifles, porque los soldados paraguayos cambiaban

sus rifles por sandías. Ellos, sin embargo, no volvieron al frente de combate, porque habían cambiado sus armas por sandías.

Publicado el 01/11/2008 a la(s) 04:26
Por chacosudamericano



EL SOL, LA LUNA Y LOS CAZADORES





LEYENDA WICHÍ

El sol era un señor que tenía necesidad de flechas. Un día dijo: - “Me voy a convertir en un pez para conseguir flechas…” y se fue a un río, en cuya orilla vivía un pueblo de cazadores que usaban flechas y arcos.

Las mujeres del pueblo siempre iban al río en busca de agua para tomar. El sol llegó, se zambulló y se convirtió en un dorado grandote, así aguantaría los flechazos.

Enseguida vinieron las mujeres y vieron al dorado grandote que estaba nadando allí, muy cerca de ellas. Las mujeres sacaron agua y regresaron rápido para avisar a sus maridos lo que habían visto en el río.

Los hombres salieron corriendo con arcos y flechas. Cuando llegaron ¡todavía estaba el gran pez dorado! Contentos decían: -“¡Qué suerte que tenemos! ¡Allí está todavía!” y le empezaron a tirar flechazos.

Cada vez que recibía uno, se movía un poco. Cuando le resultó difícil moverse,

se fue a la parte más profunda, llevándose muchas flechas. Los hombres quedaron parados mirando cómo se llevaba sus flechas. De esta manera el señor sol consiguió las flechas que tanto le hacían falta.

El señor luna, como era vecino y amigo del sol vio que el sol había conseguido

flechas. Se acercó a su amigo y le preguntó: -¿Cómo hiciste para conseguir flechas?”. El sol le respondió: “Tuve que convertirme en un pez grande en el río donde las mujeres de los cazadores siempre sacan agua, allí me tiraron flechazos. Aguanté hasta que conseguí las flechas que necesitaba y me escapé hacia la parte más profunda”.

El señor luna, al escuchar lo que dijo su amigo, quiso hacer lo mismo, porque él también tenía necesidad de flechas. Decidió entonces, convertirse en pez.

Su amigo sol le dio un consejo: -“No permitas que te carguen muchas flechas, después de cada flechazo tienes que moverte un poco y probar si es que vas a poder escapar rápido…”

Entonces el señor luna se fue al río y se convirtió en un dorado grande. Al rato vinieron las mujeres a buscar agua y vieron que estaba el dorado grande otra vez. Por eso volvieron rápido para avisar que el pez estaba allí. Los hombres, con sus arcos y flechas, partieron hacia el río, y empezaron a tirarle flechazos.

La luna no cumplió el consejo que su amigo sol le había dado y cuando tuvo muchas flechas y quiso escapar, pero ya no podía moverse. Entonces los cazadores

lo agarraron y lo llevaron para comerlo.

Su amigo sol lo estaba esperando. Estaba muy preocupado. Cuando pasó el mediodía se dio cuenta que le había pasado algo. Esa noche, se convirtió en un perro para seguir su olor y poder encontrarlo. Así fue que, siguiendo las huellas y el olor, llegó hasta el pueblo donde lo habían llevado.

Allí vio mucha gente que comía y dejaba los huesos tirados por todas partes. El señor sol los amontonó y cuando los tuvo a todos, los tiró para arriba. Por eso hoy la luna está arriba y es del mismo color que los huesos.


(Leyendas wichí contadas por Nieves Rosario de El Sauzalito, Prov. del Chaco, Argentina, tomadas de Chalanero, el que ayuda a cruzar y unir las dos orillas. Libro de Lectura para la Alfabetización Inicial. Coordinación Mónica Zidarich, traducción del wichí al castellano Telmo Palermo, publicado por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Pág. 52 a 54, sin fecha).

Publicado el 31/10/2008 a la(s) 04:24
Por chacosudamericano






CUENTO DE LAS CANASTAS

Antes las canastas tenían pies para llevar las cosas. Esto le parecía bonito a sus dueños. Porque sus cosas caminaban solas. Así las canastas eran sólo para alzar cosas.

Pero no podían pasar por encima de las cosas que estaban en su camino, no podían pasar por encima del agua. Esperaban a alguien para que las hicieran pasar. Así eran ellas.

Un día mientras iban cargadas...un palo se encontraba atravesado en su camino,

ahí esperaron a alguien que las hiciera pasar. El Nderi (especie de pájaro) había estado mirándolas en el monte muy enojado, y les dijo:

-¿Qué están llevando?

-Las cosas de nuestros dueños estamos llevando. Dijeron las canastas.

-Ah...ahora van a ver los dueños de las cosas, dijo el Nderi enojado.

Diciendo eso el Nderi agarró un palo y golpeó a las canastas por sus canillas con el palo. Así acabó de romper las canillas de las canastas, así las pobres canastas

empezaron a rodar por donde fuera y no pudieron levantarse ya.

Así la maldición del Nderi afectó a los dueños de las canastas; desde entonces los dueños alzan a sus canastas.

Así concluye este cuento de las canastas.

Publicado el 30/10/2008 a la(s) 05:20
Por chacosudamericano




EL GUAJOJÓ

Muy conocida en el pueblo es la leyenda del guajojó, que según los narradores,

dicen que también son almas errantes que se buscan mutuamente.

Estas almas dicen que pertenecen a dos hermanos, hijos de una familia muy empobrecida, que los padres al no poderles dar un sustento, habían decidido regalarlos a otras familias diferentes, quienes se los llevarían a lugares también distintos, pero estos hermanos que se querían mucho se fueron con la idea de huir para retornar al hogar, y volver a encontrarse.

Luego de la huida, estos hermanos se perdieron en el bosque en el intento de encontrarse, de ahí que en las noches de verano se oiga un grito de lamento y angustia, el que es respondido por otro similar y paralelo, sin lograr el ansiado encuentro. Es lo que ahora se conoce como el grito del guajojó.

Guajojó: Nyctibius

griseus – Pájaro nocturno del Chaco.

Vocabulario:

Publicado el 30/10/2008 a la(s) 04:29
Por chacosudamericano
UBICAION DEL GRAN CHACO EN SUDAMERICA 

El Gran Chaco es un amplio territorio ubicado en el centro-sur de América del Sur. Se caracteriza por


amplias extensiones boscosas,
 


dominadas por quebrachos que alternan con palmares, algarrobales,
simbolares, espartillares, pastizales,


etc.


La región se extiende desde los
16° 55’ de latitud Sur, en la región tropical, a los 33° 52’ de latitud Sur, en


la región templada, y desde

los 67° 50´ de longitud Oeste al pie de los Andes, hasta
los 57° 52’ de longitud Oeste en la provincia de


Corrientes. (Cartografía y

Superficie de Bosques Nativos de Argentina, 2002). Ocupa aproximadamente 1.141.000 Km
2, siendo la




segunda región boscosa más







extensa de América del Sur después del Amazonas. El 59 % está en la Argentina, el 23 % en Paraguay, el


13 % en Bolivia y el 5 % en 




Brasil.





La mayor extensión en sentido este-oeste es de unos 900 kilómetros de ancho (
Morello, 1995). Si se



compara la extensión de la región,





ésta representa más de tres veces el territorio de Alemania Federal, cinco veces el de Ecuador y es casi


tan grande como Perú.

Como puede observarse en el cuadro que se presenta a continuación, la región chaqueña ocupa diferentes


extensiones en cada uno de


los países. Esta importancia territorial de la región merece el reconocimiento y valoración como una unidad


ambiental de gran

relevancia. 

País

Extensión aproximada (Km2)

Porcentaje del Total

Porcentaje nacional

Argentina

675.000

59

24

Paraguay

257.000

23

60

Bolivia

153.500

13

12

Brasil*

56.000

5

0.66



*La participación del territorio brasileño en el Gran Chaco es pequeña. La integración política impulsada por el PAS Chaco se realiza entre los países de Bolivia,

Paraguay y Argentina. Por esta razón en este Atlas no se contempla la región chaqueña del Brasil.
 





























Páginas : 1 2 3 4